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• Iniciativa fue reconocida en el Concurso Nacional de Buenas Prácticas Docentes 2025

En el altiplano puneño, donde la tierra guarda memoria y los saberes se transmiten de generación en generación, un maestro ha logrado que la escuela dialogue con su entorno y que la ciencia cobre vida más allá de los libros. Se trata de Juan Carlos Arenas Traverso, docente de educación secundaria de la IE Industrial Sucuni-Japisse, ubicada en el centro poblado de Mallco, distrito de Conima, quien impulsa la práctica pedagógica “El aula viva: invernadero y etnobotánica como herramientas centrales para la indagación científica”.

Esta innovadora experiencia educativa, reconocida en el Concurso Nacional de Buenas Prácticas Docentes 2025, transforma el contexto rural —muchas veces percibido como una limitación— en la principal fortaleza del aprendizaje, convirtiendo a los estudiantes en investigadores activos y protagonistas de su propio proceso formativo.

En esta “aula sin paredes”, el currículo se cultiva en la tierra y el laboratorio es el entorno natural que rodea a la escuela. A través de la construcción y gestión de un invernadero escolar, los estudiantes aplican el método científico para analizar y proponer soluciones a problemáticas reales de su comunidad, como la pérdida de cultivos, las plagas y el empobrecimiento del suelo.

En la escuela, la ciencia no se memoriza: se experimenta. El invernadero se convierte en un espacio controlado donde los estudiantes observan, formulan hipótesis, experimentan y obtienen conclusiones, comprendiendo el sentido y la utilidad del conocimiento científico en su vida cotidiana.

La etnobotánica cumple un rol clave en esta práctica pedagógica, al permitir revalorar y validar los conocimientos ancestrales de las familias. Los abuelos y sabios de la comunidad participan como “maestros invitados”, mientras que los estudiantes documentan, investigan y contrastan el saber popular con la evidencia científica. Este proceso no solo dignifica la cultura local, sino que genera productos concretos como un herbario escolar y un botiquín natural comunitario, que fortalecen el aprendizaje con impacto social.

“Esta práctica nació de escuchar: de escuchar la tierra, de escuchar a los ancianos y, sobre todo, de escuchar a los estudiantes. Así, la ciencia dejó de ser una asignatura ajena para convertirse en el lenguaje con el que comprenden y transforman su propio mundo”, señala el profesor Arenas.

Los resultados son evidentes. Los estudiantes han mejorado su rendimiento académico en el área de Ciencia y Tecnología, al comprender el “por qué” y el “para qué” de cada concepto, desarrollando pensamiento crítico, curiosidad científica y un profundo sentido de pertenencia a su territorio.

Con esta iniciativa, el maestro Arenas ha logrado sembrar curiosidad, cultivar mentes críticas y cosechar un aprendizaje profundamente vinculado con la identidad cultural y el entorno natural, demostrando que la innovación educativa también brota desde la tierra.

La experiencia forma parte de las 57 buenas prácticas pedagógicas y de gestión escolar reconocidas por el Ministerio de Educación en el Concurso Nacional de Buenas Prácticas Docentes 2025, destacando el compromiso y la creatividad de los docentes que construyen una educación pertinente, intercultural y con sentido para sus comunidades.

Para conocer el detalle del contexto de la práctica docente, su desarrollo y resultados, ingresen aquí: https://observatorio.minedu.gob.pe/buena_practica/el-aula-viva-invernadero-y-etnobotanica-como-herramientas-centrales-para-la-indagacion-cientifica/

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